6. La del quinto piso


-          ¿Cómo te sientes? - dijo Mayra.

Jonathan mantenía con ambas manos una bolsa de hielo  contra su entrepierna. Tenía el rostro demacrado y parecía un poco ido. Estaba sentado sobre la tapa de la taza del inodoro. Alzó la vista hacia la chica frente a él.

-          Me siento hecho mierda. Me duele como mierda. Esto es una mierda. Debe haber una explicación lógica para esto. No tiene sentido que no podamos mentir.
-          ¿Crees que existe la lógica aún? Si esto no es pare del apocalipsis, definitivamente se le parece mucho... ¿crees que dure para siempre?
-          ! Más vale que no! contestó el joven con una leve sonrisa casi inadvertida. Era una sonrisa tan patética que ella sólo atinó a reír a carcajadas.
-          Realmente estás hecho mierda - continuó la chica-  ¿No quieres que vea? ¿Qué tan mal esta?

Mayra se acercó y miró al muchacho desde arriba. Acarició su cabello con ternura y dijo: Muéstramelo.

-          Pequeña, en otras ocasiones te diría que sí con mucho gusto pero temo que mi pinga está rota.

Ambos rieron juntos.

-          Quizás necesites asistencia médica...
-          ¿Crees que funcione algo hoy? ¿Así cómo están las cosas?
-          No lo sé, puede...

De pronto, se escuchó un disparo. Mayra abrió la puerta y salió del baño, olvidándose de su compañero por un instante.

-          !Cierra con llave!
-          Ok, ok...

En la sala, Angie miraba la calle a través de las cortinas.

-          ¿Qué fue?
-          No tengo idea, contestó la joven - parece que son de al frente... - de repente, más disparos. Esta vez se escucharon mucho más cerca al departamento. Las chicas se agazaparon rápidamente.
-          ¿De dónde vienen?, preguntó Angie. Su voz entrecortada y muy nerviosa. Había lágrimas en sus ojos. Mayra sabía que su mejor amiga tenía fobia al fuego. En realidad, su miedo era tal  que le aterraban incluso los fuegos artificiales. Odiaba las fiestas patronales, los corsos, los castillos, las ferias, etc. Todo sólo por el hecho de contar con fuegos pirotécnicos. Año Nuevo era su perdición. Mientras todo el mundo celebraba las doce de la noche. Ella se recluía en su cuarto esperando cual perro asustado a que toda la bulla y algarabía terminara.
-          Creo que vienen de por el parque, contestó. Tomó ambas manos de Angie y la miró fijo a los ojos. - Mírame, todo está bien, ¿ok?

La chica sólo atinó a asentir con el rostro. Estaba completamente aterrada. Sudaba frío  y su piel había cobrado un color casi verduzco.

-          Angie, todo va a salir bien. Respira.

Lentamente, las muchachas empezaron a respirar a un solo ritmo. Angie se tranquilizó y los disparos se escuchaban más a lo lejos. Una vez más calmada preguntó riendo pero con la voz aún entrecortada:

-          ¿Cómo está el pequeño Jona?
-          Creo que sobrevivirá. No me ha dejado verlo.
-          ¿Hace cuánto sabías lo de la mamá de Carol?
-          Bastante tiempo. Años quizás.

Angie la miraba desafiante, casi molesta y con asco. - Nunca he llegado a entender tu amistad con él...
-          Y no es necesario que lo hagas, dijo Mayra de forma cortante. Se miraron fijamente por unos segundos y añadió con voz más suave - Nunca te he pedido que entiendas y sé que es lo que piensas de él y quizás tengas razón. Pero Jona me ha demostrado varias veces que puede ser una mejor persona de lo que aparenta. Además, una vez que ya… tú sabes… dejamos de acostarnos juntos…
-          Lo sé, lo sé... son sólo amigos. Tu mejor amigo.
-          No seas celosa...
-          ¿De él? Nunca. Tú lo sabes.
-          Lo sé. Sé que es por lo que pasó entre ustedes...
-          Ok. Asunto acabado, No quiero hablar de eso.

Hace mucho tiempo, cuando Jonathan y Mayra habían decidido continuar con su amistad sin beneficio sexual alguno, Angie preguntó si podría salir con él sin que hubiera alguna enemistad por parte de ella. Era tan guapo e irresistible que siempre quiso intentar suerte con él. Además, el mismo hecho de que estuviera casi prohibido dada la relación que tenía con su mejor amiga le agregaba un éxtasis y deseo más allá de la comprensión. Mayra nunca estuvo de acuerdo, así que se vieron en secreto una vez. Sólo una vez. Jonathan desapareció del mapa durante un mes. Mayra no supo que había pasado hasta que Angie llegó llorando, contando cómo él simplemente había desparecido. Sin decir nada al día siguiente.

Nunca más hablaron de eso. Ninguno de los tres. Y cuando él volvió a entablar comunicación. Ella sólo atinó a hacer lo que mejor sabía hacer. Gritarle a morir:

-          ¡Cómo pudiste! gritaba Mayra mientras Jonathan esquivaba cada peluche que salía volando en dirección hacia él.

-          ¿No seas escandalosa! Bien que ella quería.


Mayra entró en furia y justo cuando era el momento de empezar a arrojarle cuanto zapato de tacón hubiera en la repisa, Jonathan salió del departamento con las justas. Esperó detrás de la puerta a que su mejor amiga se tranquilizara. Abrió muy despacio la puerta al no escuchar más golpes de zapatos. Logró cerrarla antes de que le cayera uno encima y siguió esperando. Una hora después, la misma Mayra abría la puerta y lo dejaba pasar.

Nunca habían estado tanto tiempo sin saber el uno del otro. Sin hablarse.

-          Voy a preguntarte algo sólo una vez y si me mientes juro que te estampo contra la ventana. ¿Me escuchaste?
-          -Mayra, escucha...
-          ¡No!, escúchame tú a mi. Angie es mi amiga, mi mejor amiga. Te dije que no te le acercarás...
-           No fui yo quien...
-          ¡No hables!
-          Mayra... ¡cállate!, Jonathan la miró fijamente, ¡qué quieres saber?

La chica preguntó finalmente lo único que deseaba saber y lo último que se hablaría sobre el tema-

-          ¿Porqué ella?

El muchacho dio un suspiro largo, miró al suelo dos segundos y volvió la mirada hacia Mayra.

-          Le tenía ganas porque era tu amiga. Es como cacharse a la hermana o algo así.

Un zapato voló directamente a la cabeza de Jonathan raspando su mejilla izquierda.

De vuelta a la realidad (o lo que queda de ella) Mayra abrió la puerta del baño y encontró al chico mirándose por dentro de los pantalones.

-          Creo que está todo bien. Igual iré a hacerme ver una vez pase todo. ¿Qué me miras?

La muchacha lo miro fijamente una vez más, cerró la puerta del baño y preguntó.

-          ¿Porque te tiraste a Angie?

El chico sonrió coquetamente, dio un suspiro largo y contestó.

- Le tenía ganas por ser tu amiga.  Era como tirarse a la hermana de una ex. Algo prohibido.

Lentamente, Mayra sonrió.  

-          Pequeña, nunca te he mentido excepto por lo de mi flaca.

Era verdad. Por algún motivo, ambos jóvenes no solían ocultarse nada. La honestidad fue el único requisito tácito entre ellos y su relación, para muchos, enfermiza e inusual.
-          No estoy molesta por que no me hayas dicho que tenías enamorada. Es más que todo…
-          La confianza. Lo sé.

Ella se sentó en el suelo frío del baño y apoyada junto a la puerta empezó a morderse el labio inferior. Sólo lo hacía cuando estaba realmente preocupada y él lo sabía.

-          Espero que al huevón de tu enamorado le esté yendo mejor que a mi, Maya (apodo cariñosa además del “pequeña”, a Mayra dejó de gustarle este último ya que alguna vez haciéndole un oral en el auto, Jonathan diría sin pensar en lo que significaba: “Esfuérzate pequeña, esfuérzate)
-          ¡Sé que está bien!, contestó ella llorosa, ya sin poder contenerse.

Jonathan se acercó y con una expresión de dolor procedió a sentarse a su lado. La abrazó con un solo brazo y lentamente la chica se echó a llorar al hombro de él.
-          ¿Crees que alguien más venga a buscarme?
-          No… - contestó ella entre risas y lágrimas – Creo que Carol es la única de tus “choque y fuga” que vive tan cerca.
-          No es cierto. Me tiré a tu vecina del quinto piso hace tres meses.
-          ¿No tiene novio?
-          Sí, creo… sí, sí. Lo “manyo” de vista.
-          No recuerdo que me contaras de ella
-          No. Vine al toque ella se quedó dormida. Yo regresaba de una “bombaza” con Raúl. La verdad es que ni me acuerdo bien como fue la cosa. Se supone venía a dormir acá y el “lorna” de Raúl me dejó en el piso equivocado. Estaba mal, mal, re mamado, pequeña. La cosa es que al final cuando se quedó dormida o no me acuerdo bien, bajé y  me abrió la puerta Alex. Y dormí en la sala. Te lo iba a contar en el desayuno pero te fuiste antes que yo.
-          Oh…, Mayra entonces volteó a mirarlo. Sus rostros estaban más que cerca. Ella podía sentir su aliento y su respiración. Nerviosa, preguntó: Jona, ¿la del quinto piso dices?
-          Sí. La flaquita que vive sola. Gana harto… tenía de todo en la sala…
-          Jona…
-          El televisor era…
-          ¡Jona!
-          ¿Qué?
-          Es un transexual, Jona.
-          ¿Ah?
-          Es una prosti trans. De las “fichonas” porque está muy bien operada. Vienen carros “fichos” a cada rato…

Jonathan ya no escuchaba nada de lo que su amiga decía. Sólo se quedó mirando al suelo, tratando de recordar algo de aquella noche. Entonces, vino hacia él la imagen de un trasero firme y redondo al que curiosamente no le seguía una cintura fina y unos pies más largos y grandes de lo que debería ser normal.

-          ¡Ahhhhhhhhhhhhhhh!, empezó a gritar con desesperación. Se levantó del suelo tal cual alma al diablo y empezó a sacudirse todo el cuerpo cual perro recién bañado.
Mayra miró boquiabierta como iba perdiendo el control de si mismo y justo cuando pensaba decir algo su amigo comenzó a quitarse intempestivamente la ropa y a abrir la llave de la ducha. Ella salió del baño riéndose a carcajadas. Cerró la puerta mientras veía como Jonathan trataba de borrar lo que era ya imborrable.

-          ¿Qué le pasó ahora?, preguntó Angie quién miraba boquiabierta a su amiga reir tan animosamente a pesar de todo lo que ocurría allá afuera. Mayra sonrió y con aire victorioso y burlón dijo:
-          Acabas de ser vengada mi Angie. Lo jodieron. Y lo jodieron mal.

Y se echaron a reír juntas. Entonces, la puerta del departamento volvió a retumbar una vez más justo cuando Angie iba a preguntar por más.

- Mayra, ábreme. Soy Luis.











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