4. Ya fuíste, Jonathan

Mayra tocó la puerta por tercera vez.

- Jonathan, ¿estás bien?- preguntó también por tercera vez.

Dentro del baño, un joven sentado en el borde de la tina miraba el suelo sin pestañar. Tenía ambas manos tapando sus orejas con el temor de escuchar lo que la mujer al otro lado de la puerta podría estar preguntándole. Pero eso era lo de menos. Su miedo a lo que pudiera estar preguntando era nada en comparación a todo cuanto estaba pasando por su mente. Pequeños recuerdos invadían su cabeza, uno más aterrador que el otro. Cada vez que trataba de dejar de recordar, algún otro trozo de memoria se incrustaba amenazante.

- ¿Qué le pasa?- Mayra tenía el rostro lleno de preocupación. No sólo tenía que lidiar con el hecho que su novio estaba al otro lado del mundo, lejos de ella, en esta situación incomprensible, sino que además su mejor amigo estaba encerrado en el baño de su departamento sin querer salir - ¿Se chocaron o algo así?

Angie miró a su mejor amiga impaciente. Siempre había odiado la forma en que Mayra se preocupaba por Jonathan. Para ella, esa amistad estaba basada en una mentira. Abrió la boca lista para decir algo, pero cambió de opinión. De impaciente e irritada a confundida e inquietada.

- La verdad es que no lo sé – mintió – Veníamos en el carro y de repente empezó a hacer eso, como si estuviera en shock o algo así. Creo que está muy asustado. Deberíamos hacer que salga. Puede estar haciendo cualquier cosa allá dentro.

Mayra tocó por cuarta vez, sin dejar de mirar a la chica frente a ella.

- Jonathan, ábreme la puerta.

Cinco segundos de silencio.

- Creo que deberías usar la llave – sugirió Angie.
- No lo sé. Él no es de hacer estas cosas... ¿Estás segura que nada pasó?
- Sip – dijo Angie con toda la seguridad del mundo – Creo que está muy nervioso con todo esto.
- ¿Tú estás bien?
- Sí…, no te preocupes, estoy muy bien. Creo que nunca me he sentido mejor. Deberías usar la llave.

Mayra corrió a su habitación, mientras su amiga la miraba satisfecha. Tomó las llaves del baño y volvió a la puerta. Tocó por última vez.

- Jonathan ¡Voy a entrar! ¿Está bien?

Angie alzó una ceja con aire triunfante. Pensaba en tantas cosas que Jonathan podría decir. “Al fin, la verdad”, pensó. Vio a Mayra cogiendo la llave, apunto de usarla.
Entonces, la puerta se abrió. El chico dentro observó a la chica atemorizada frente a él. Dio un largo suspiro. “Siempre se preocupa por mi, ¿Porqué siempre se preocupa por mi?”

- No puedo mentir.- dijo al fin.

Mayra se quedó callada por un instante. - ¿Perdón?, preguntó.

- No puedo mentir. Ningún hombre puede. No tengo idea qué está pasando pero ahora tengo miedo de estar aquí porque sé que voy a tener que decirte todo en lo que te he mentido y no tengo idea de cómo vas a reaccionar.

- ¿Cómo? – La chica no lograba entender nada.

Jonathan volvió a suspirar. La miró y una vez más, corrió. Se encerró esta vez en la habitación de su mejor amiga.

- ¿Qué carajo le pasa?
- Está diciendo la verdad- suspiró Angie- Realmente no puede mentir, al parecer ningún hombre puede. Por eso es que el idiota de Marcos me dijo eso.

Mayra miró incrédula a su amiga. Nada de lo que había dicho tenía sentido, No era posible. Sin embargo, la imagen del esposo respetuoso y caballero del piso de arriba atacado por su mujer la golpeó como una revelación.

- ¿No pueden mentir?- preguntó casi temblando.
- Así es - Angie alzó ambas cejas y dio una media sonrisa – No tengo idea que ha pasado pero es toda la verdad. No tienes idea lo que está pasando allá fuera. La gente está por todo lado. ¡Casi atropellan a un señor a la hora que veníamos del Ovalo!

Las palabras de Angie sonaban como un eco lejano para Mayra. Durante un minuto pensó estar soñando. Creyó que seguía aún en su cama y que en algún momento despertaría para empezar su día ya programado. Aquel domingo iba a cocinar un postre para Alex. Iría por unas velas y ordenaría la sala de forma romántica. Una semana lejos del ser al que más amaba había sido demasiado reto para ella. “Alex”, pensó. “Mi Alex está lejos, puede haberle pasado cualquier cosa. No hay comunicación, no tiene como llamar, como escribir. ¿Y si le pasó algo? De pronto, despertó, Sintió como una fuerza extraña movía su cuerpo inerte.

- ¡Mayra!, ¡Mayra! Reacciona.- Angie la sacudía por ambos hombros. – Estás temblando.

Las dos chicas se miraron. Una horrorizada, la otra perdida en sus pensamientos. Un largo suspiro salió de los labios de la chica ida. Recordó a Jonathan entonces. Juntó ambas cejas y se dirigió a la puerta de su habitación.

- ¿No está cerrada? – Oyó a su amiga preguntar.

- No - dijo mientras abría la puerta. Jonathan estaba mirando un poster pegado a la pared blanca del cuarto – La cerradura no funciona desde hace meses.

El muchacho se volvió a verlas. Luego simplemente, habló:

- No puedo evitar decir lo que estoy pensando. Y la huevona de tu amiga me hizo recordar todas las “weadas” que te he dicho. Todo lo q te dije fue puro floro. Fueron “weadas” “nomas”. Yo solo quería tirar contigo hasta que pasó lo del cine y de ahí tú conociste al huevón de Alex y ¡puta madre! Como me jodió eso que me dijeras que ya no querías “tirar” conmigo, que le ibas a ser fiel y tanta cosa. Y ¡naa! Pues, mira la verdad es que yo solo quería tirar contigo... nada más...yo no quería estar contigo… Yo tenía flaca en otro lado, pero tenía ganas de cachar “nomas” y la otra “weona” estaba lejos.

Hubo otro silencio interminable. Jonathan posó sus ojos sobre Mayra. Se veía tranquila. Algo molesta, pero calmada. Ella respiró hondo “Voy a poner a hervir agua”, dijo y fue en dirección a la cocina. Angie vio como su amiga cruzaba el comedor. Esa victoria que estaba esperando desde que tocó la puerta del departamento se convirtió de repente en un sentimiento de culpa. Dio una ojeada de arriba abajo al muchacho que se encontraba aún dentro de la habitación. Una última mirada despectiva y salió tras los pasos de Mayra, quien ya había encendido la tetera.

Jonathan volvió a ver el poster. Era una promoción de una película de acción que fue popular hace cinco años. Él había ido a verla junto con Mayra. La sala de cine estaba casi vacía así que se sentaron al fondo con una complicidad en querer cumplir una fantasía de hacerlo en un lugar público. Cuando las luces se apagaron, él la besó apasionadamente y empezaron a acariciarse sin control.

- Tráeme las tazas que están sobra la cómoda – dijo Mayra desde la puerta del cuarto. Su entrada distrajo los pensamientos del chico. Entonces ella pasó la mirada del póster a su amigo y viceversa. El muchacho habló:

- No había “cogido” con nadie desde la última vez que lo hice contigo, antes de ese día. Te dije que sí había tenido sexo dos semanas atrás, pero era mentira. No lo había hecho con nadie después de ti. Por eso me vine al ttoque.


Ambos se miraron un instante. Ella recordó. En el cine, luego de los besos, caricias, gemidos en silencio y el sexo oral que tanto le gustaba a ambos, Jonathan se colocó el preservativo listo para cumplirle la tan dichosa fantasía a Mayra. Ella sintió como él estaba dentro de ella. De pronto hubo un silencio extraó. ella trato de moverse pero él la detuvo. "?Qué pasa?", preguntó la chica. "Que ya me vine", respondió Jonathan. El rostro de de la muchacha se lleno de una expresión de confusión total. Giro la cabeza y vio a su amigo. Era cierto, el chico había eyaculado al instante en que habia penetrado a Mayra.

De vuelta la realidad, ellos se seguían mirando. Luego pasaría algo a lo que Jonathan estaba muy acostumbrado. Mayra estalló en una carcajada burlona. Él se sentó en el borde de la cómoda y ella se le acercó sigilosamente con las manos en los bolsillos del pantalón, siempre mirando el dichoso póster y riéndose de su amigo.


- Lo sabía – dijo la chica cuando estuvo frente a él – O sea, no es que siempre lo hubiese sabido, sino que luego de ese día simplemente lo supe. Era obvio que no lo habías hecho con nadie. Te viniste apenas entraste. ¡ Y estabas con una cara! Cómo si nunca lo hubieras hecho en tu vida. O sea… tú sabes pues… - Siguió riéndose. Él también lo hizo- Cada vez que lo veo – continuó Mayra – me recuerda a ese día.
- Por eso lo tienes ahí, para que te recuerde los malos momentos. Las idioteces que te digo.

Los dos se miraron una vez más. Ella sonrió.

- A veces pienso que me conoces demasiado – dijo la chica.
- Ahora sé que tú a mi también.

Mayra volteó sus labios hacia un lado con una mueca de enfado obligado. “Cómo adoro sus muecas”, pensó el muchacho.

- Muecuda- le dijo.

Ella le sacó la lengua. Casi al instante, él hizo lo mismo. La chica acarició el cabello de su mejor amigo. De repente tres golpes potentes se escucharon en la sala. Los dos jóvenes salieron del cuarto y vieron a Angie aterrada frente a la puerta del departamento. Un nuevo golpe se escuchó.

- ¡Mayra! Sé que estás ahí. Vi el carro de Angie en la cochera.

La adrenalina corrió por las venas de Mayra. Le bastó un instante para reconocer la voz de la mujer al otro lado de la puerta.

- Sé que Jonathan está ahí. ¡¿Dónde más puede estar?! ¡No lo escondas!

Un relámpago de recuerdo en la mente de Mayra: Ella chateando con su mejor amigo. “¿Con quién fue tu primera vez?”, le preguntó. “Con la mamá de mi enamorada de ese entonces”, contestó el chico. “Ay, por favor, no me pongas esa cara”, volvió a escribir Jonathan al ver por WebCam el rostro anonadado de su amiga.

Un recuerdo más: Estaban los dos en una discoteca y él le dijo al oído. “La chica con la que hemos venido hoy. Ella es… la de su mamá… ¿recuerdas?” Mayra vio a la joven que bailaba junto a Angie. “De ahí, seguimos como patas”, siguió Jonathan, “Obvio ella no sabe nada, así que con cuidado”

Tres golpes más y la chica que algún dia de adolescente fue enamorada de Jonathan gritaba:

- ¡Ya sé lo que está pasando! No lo escondas, sólo quiero preguntarle algo.

Mayra volteo hacia Jonathan. Estaba inmóvil. Aterrorizado. Los ojos muy abiertos viendo la puerta de madera. Recordó cada instante en el que perdió la virginidad con la madre de la mujer detrás de la puerta. Luego, una imagen aún peor. Angie frente a la puerta con una sonrisa maquiavélica colocó su mano sobre la perilla y le dijo: “Ya fuiste, Jonathan”.

8 comentarios:

Unknown dijo...

Esta historia está mas entretenida que la de Cisneros :P
jejeje
Dale con el siguiente capítulo ;)

Camila Alfaro dijo...

wii Frescia sigueloo
adoroo tu libro :D
sigueloo :D
bye
Cuidate prima

Atte:Camii♥

henryore1981 dijo...

jejejeje ya me lei el capitulo... esta interesante, me enganche con al historia ;)

Rolando dijo...

Yo tambien me enganche con la historia... esta bien bacan. Sigue asi

Anónimo dijo...

ok, me asustas con la historia :(

Anónimo dijo...

ke feoo ese nombre jo..an jeje pero ta buena la historiaa pero me dejas en ascuas . trabaja caraxoo!!!

Fechita dijo...

mmm... gracias a todos pero no continuaré hasta q me consigan más seguidores jijijijiji XD

Anónimo dijo...

Esta chevere, la historia ojala que nunca ocurraaa jajajaj.....

como le dije cuando conosca a su flaco le voy a meter un tacleee jajaa

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