Prefacio
Ha pasado veintitrés horas y quince minutos desde que todo empezó. Mis párpados están descomunalmente hinchados de tanto llorar. Mis ojos estirados arden al contacto con la luz del cuarto. Pero no quiero apagar la luz. Aún se escuchan gritos de cuando en cuando en las calles. Las sirenas de los carros han andado todo el día por todo Lima. Miento. Por todo el mundo. Sin embargo, a estas horas casi todo está en calma. Ha habido actos de violencia, actos desesperados, de odio, de amor, de desolación, de alegría, de cooperación. Las mujeres del mundo nunca nos hemos sentido tan solas como hoy y en nuestra soledad, hemos recurrido a nosotras mismas. Para bien en muchos casos, para mal en otros. No es que no supiéramos más de la mitad de lo que hemos descubierto. Lo sabíamos. Pero para muchas, la verdad era tan sólo un secreto a voces guardado bajo siete llaves bajo las manos de los hombres.
Los reportes indican que todo vuelve a la normalidad luego de cumplidas las veinticuatro horas. Alrededor del mundo las cosas han cambiado. Los movimientos feministas ya hablan de un nuevo orden mundial, de cambios radicales. Los noticieros, la radio, los twits, las redes, todos hablan de lo que ha significado este día. Acá aún no termina. Vivimos estos últimos en un silencio casi agónico. Se harán libros enteros acerca de este día. La historia lo tomará como un hito para la humanidad. Películas, reportajes, artículos, esculturas, obras teatrales, etc., Cada quién contará su propia versión de los hechos. Harán teorías de lo que sucedió. Nada de eso me importa ahora. Me voy a casar en tres semanas. Sólo tres semanas. Tengo todo listo y, aún así, mi cabeza no deja de dar vueltas. Echada en mi cama espero no a la medianoche sino la una de la mañana, hora en la que el avión de mi prometido llega a Lima. Ha estado fuera durante una semana por motivos de negocio. La comunicación hoy ha estado imposible. No era para menos. Todo medio de comunicación ha colapsado. No sé si él estará bien.
Suenan unas llaves moverse fuera del departamento. Mi mente se nubla, mi respiración se acelera. Puedo sentir mi corazón vibrar y golpear como un descabellado. Sólo él tiene las llaves. Ha llegado antes. Lo oigo decir mi nombre. No tengo idea de que hacer. No puedo respirar. Él entra al cuarto.
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