1. Jonathan
Eran las once y cincuenta y ocho minutos en una discoteca conocida de la Calle de las Pizzas en Miraflores. Siendo fin de semana, el local andaba lleno. Hombres y mujeres se divertían en la pista de baile o en las mesas bebiendo cerveza. Jonathan estaba ahí vestido con una camiseta blanca Nike manga corta y unos jeans azules. Era un atuendo casual pero no por eso menos provocador. Los músculos bien formados de sus brazos se veían bien en esa camiseta. Él lo sabía. Quería impresionar a la chica que había conocido un día antes en una salida en grupo. Sentado en la mesa, la veía bailar junto con una amiga. Una vez terminada la canción, la chica se acercó.
- Baila conmigo.- le dijo, casi gritando para que la pudiera escuchar.
Jonathan dejó su vaso con cerveza en la mesa y la acompañó a la mitad de la pista. La chica se veía impresionante. Sus caderas se movían de forma insinuante. Bailando así, se le acercó lo suficiente como para sentir ambos sus cuerpos, se dio la media vuelta seduciéndolo con la mirada. Sabe lo que tiene, pensó. De pronto ella le sonrió y todo cambió en ese momento. Jonathan habló por primera vez ese día.
- Me siento como un huevón bailando acá como cojudos, porqué no te dejas de huevadas y nos vamos a un “telo”.
No podía creer lo que acababa de decir. Su respiración se acortó. Su mente quedó en blanco. No pudo moverse. Pasmado, sin entender nada la miró. Ella tenía lo miraba confundida, había dejado de bailar tan eufóricamente y ahora solo se movía un poco. Se acercó de nuevo a él.
- ¡Perdón, no te escuché bien!- Le gritó al odio.
- Pensaba en que chucha hacemos aquí. De la forma en que te mueves deberíamos irnos a un “telo”.
La chica lo miró con una expresión de pavor. Por un segundo, sus ojos color caramelo estaban llenos de miedo y de pronto su rostro cambió. Estaba furiosa. Rabiosa. Lista para actuar.
Alrededor de ellos, el mundo empezó a cambiar. La mayoría de chicas habían dejado de bailar. Tanto en la pista como en las mesas se escuchaba ¡¿Que tienes, ah?! ¡Oye imbécil, ¿qué has dicho?! ¡¿Qué te pasa?, ¿Estás loco?!
Luego vendrían las cachetadas. Por todos lados manos furiosas golpeaban rostros inmóviles asombrados de lo que acababan de decir.
- ¡Es que sólo quiero tirar contigo, ¿entiendes?! – un chico tuvo la desdicha de hablar en voz alta en el momento en que la música paró. Nadie supo que hacer. Hombres y mujeres se miraron unos a otros sin comprender lo que estaba sucediendo. Entonces, pasaron mil cosas a la vez. Jonathan vio como a su alrededor chicas se iban retirando solas del local. Otras lloraban en brazos de sus amigas mientras que hombres trataban de explicar una y otra vez lo que trataban de decir con peores resultados. Gritos y empujones por todos lados. Un muchacho corpulento acababa de darle un puñetazo a su amigo. ¡Repite lo que has dicho huevón!, le gritaba agarrándolo de la camisa. Las luces se encendieron completamente y sólo en ese momento notó que su compañera de baile se había retirado. En medio de la histeria decidió irse de una buena vez. A su lado una chica de cabello color negro, de estatura baja y figura casi recta se abalanzó sobre un chico de lentes a besarlo. ¡Yo también te quiero! Se oía entre beso y beso. ¡Amor, te juro que ese tío sólo se la quiere tirar! le decía un joven a su enamorada al otro extremo de la misma mesa.
- Eso es cierto- dijo Jonathan en voz alta en dirección a la enamorada.
- ¡Tú que te metes, huevón! – contestó el joven.
- No lo sé, perdón. En serio.
Mientras bajaba las escaleras del local con dirección a la calle, pensaba en buscar un taxi e irse a casa. En la calle la escena era parecida o peor que dentro. Hombres pidiendo perdón por todos lados sin mejora alguna. Mujeres indignadas y furiosas. Hombres peleando entre ellos. Grupos que se dispersaban. Platos que rodaban por el aire. Vasos rotos. Mentadas de madre. Unas cuantas cachetadas más. Y muy de vez en cuando escenas de amor y ternura se veían. Todos intentaban salir de ahí. Los taxis andaban llenos. La gente en los pocos buses que quedaban circulando se bajaba de los carros. La calle se volvió un pandemonio.
- ¿Jonathan?- escuchó la voz conocida de una mujer. Dio la vuelta para verla.
La reconoció. En su mente la escena de ella desnuda sobre él “cabalgando” en una cama de un hostal cercano al lugar.
- Hola, perdón no recuerdo tu nombre pero sí que bien cachabas. ¿Que haces?
Un puñetazo lleno de furia dirigido a su naríz lo dejó en el suelo. De pronto recordó.
- ¡Mierda! Verdad que hacías pesas ¿no? Por eso estabas tan fuertota ese día.
La cabeza en cero una vez más. Sabía que no quería decir eso pero por alguna razón simplemente no podía no hacerlo. Esa fue el primer momento en el que pensó en lo que pasaba alrededor suyo. Una ola de euforia lo llenó por completo. Miró una vez más a las personas que lo rodeaban. Escuchaba miles de disculpas siempre seguidas de algo que no debía decirse. Estaban diciéndolo todo. Absolutamente todo. Un pensamiento inaudito cruzo su mentë: No podemos mentir. Alguien corría despavorido. Vio como los pocos hombres que tenían carro echaban a andar lo más rápido posible. Un joven trataba de conseguir taxi hacia San Luis, tres hombres más se subieron al carro desesperados por encontrar una salida.
- Sácame de aquí, tío. De ahí compartimos gastos- escuchó. No lo pensó dos veces.
- ¡Hey!, llévame hasta donde puedas, te pago.
- Sube al toque pes, huevón. Mi jerma me está buscando. ¡al toque!- subió tan rápido como pudo.
- ¿A dónde los llevo, jovencitos?
- A dónde sea, maestro. Arranque no más.
23:18
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2 comentarios:
wow...sigue escribiendo :3
Esta muy interesante :D
me mueroo por saber qe pasa luego :3
byee
Cuidatee prima ^^
Atte:Camii♥
Algún día tenian que ser descubiertos esos bastardos jajaja
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